domingo, 28 de noviembre de 2010

28 of November.


“Era un apacible día de lluvia, de esos en los que la gente abandona las calles, todo se encuentra silencioso, deshabitado, nadie rompe la calma de la ciudad. No hay ruido, sólo las gotas de lluvia al caer. No hay prisa, no hay tiempo. Como si la lluvia se llevara todo el rencor de nuestros corazones mientras deambulamos sin rumbo fijo bajo su abrazo. Disfrutando cada tacto de una gota que cae sobre tu piel, el choque del viento, que te llega hasta los huesos, haciéndote olvidar todo lo que hay a tu alrededor, para gozar de una sensación tan pura e íntegra.
Sí, me encantan los días de lluvia.”

jueves, 25 de noviembre de 2010

25 of November.


"Él abre la puerta y ella se lanza entre gritos de alegría a abrazarle, exclamando un “¡Cuánto te he echado de menos!”, es una de esas pequeñas cosas que más le gustan de ella, ese entusiasmo y jovialidad infantil que le embarga a cada momento que pasa con él. Poco después se sientan juntos, muy cerca pero a la vez muy lejos. Se encuentran a diez centímetros escasos, pero incluso eso es demasiado para ellos. Sienten frío, se abrazan para calentarse. Parece una rutina pero esos insignificantes detalles son los que llenan su vida y la dotan de un maravilloso sentido por el que merece la pena recorrer tantos kilómetros que intentan separarles. Pero eso no basta para demostrar cuánto se quieren, cuánto se necesitan el uno al otro. Se miran, sonríen, se sonrojan. A ella le encantan sus ojos, a él le encanta su pelo. Se acercan lentamente, como si adoraran esos segundos en los que pueden observarse dulcemente el uno al otro, con miradas tiernas que transmiten todo lo que sienten. Sólo tres centímetros les separan ahora, ella se muerde el labio, él vuelve a sonreír tímidamente, cierran los ojos, rozan sus labios, y se funden en un cálido y profundo beso. Como si el tiempo se parara a su alrededor."

lunes, 8 de noviembre de 2010

7 of November.


"Dormía. O eso intentaba. En realidad, llevaba días sin dormir. Una tenue luz entraba por mi ventana, dándole luminosidad a la noche. Entre mantas y sábanas, permanecía recostada con una mano en mi cabeza. Intentando no pensar. Intentando no recordar. Pero era imposible. Esa era una de aquellas interminables noches en las que no podía apartarlo de mi cabeza. Se colaba en mis sueños y se escondía en lo más profundo de mi corazón, de donde era imposible sacarlo. Resignación. La noche en vela. Una de tantas otras. Y esta situación no parecía tener fin.."