domingo, 23 de noviembre de 2014

23 of November.

"La pistola resbalaba por sus manos temblorosas. Las gotas de sangre le observaban desde el suelo. Un sudor frío recorría su espalda. El cadáver permanecía quieto, inalterable. Su cordura desaparecía a cada vistazo que echaba a su alrededor. La culpa se clavaba en su desquiciada mente como mil dagas ardientes. La pistola cayó. El gatillo se accionó. Una bala entre sus ojos verdes. De rodillas frente al cuerpo inerte que días antes le había llevado al paraíso, sus pupilas se iban apagando mientras ella le arrastraba al infierno, acompañados por los demonios con los que se había comprometido sin saber lo que ello conllevaría."

martes, 3 de septiembre de 2013

3 of September.

"Seguía caminando por aquellas calles oscuras sin un rumbo fijo, era una noche oscura, llena de sombras que hacían imposible distinguir nada fuera de lo común, lo que a veces era insólitamente necesario.
Comencé a escuchar pasos rápidos entre las tinieblas, sintiendo una presencia que se acercaba, fuera lo que fuera. De repente, aparecieron frente a mi dos figuras irreconocibles que se abalanzaron antes de que me diera tiempo a reaccionar, una sobre mi, y la otra sobre un chico que se encontraba a mi lado cuya presencia no había notado hasta ese momento.
Intentaba defenderme, pero era inútil, tenía una mano reducida y con la otra no acertaba ningún golpe lo suficientemente fuerte. Parecía estar en un verdadero peligro.
En un instante, mis ojos comenzaron a fundirse en un tono rojizo, y unos afilados colmillos surgieron de entre mis labios, profiriendo un atemorizador rugido que hizo retroceder a aquella figura que me atacaba.
Aprovechando la situación, me puse en pie y me alejé unos pasos, acercándome hacia donde estaban el chico y la otra figura, que sin duda tenía una gran ventaja. Extendí una mano hacia delante, demasiado cerca, con lo que el atacante me agarró y mi mano quedó en contacto con su cara. Asustada y casi fuera de control, una enorme cantidad de energía fluyó a través de mi cuerpo hasta alcanzar mi mano, saliendo de ella en forma de potentes flamas que impactaron directamente contra la cara de mi atacante. Volví a alejarme y acerqué al chico conmigo, fuera del alcance de las dos figuras, y me dispuse a lanzar otra flama, pero por más que lo intenté ésta no salió de mi mano.
Atemorizada, agarré la mano del chico, me elevé unos centímetros sobre el suelo y me dirigí impulsada por la energía que me quedaba en busca de un lugar seguro, esforzándome por que nuestros perseguidores no nos dieran alcance. Tras atravesar varias calles y doblar una esquina, llegué a un conocido edificio en el que entré rápidamente.
Al pasar volando el vestíbulo, un señor de avanzada edad salió a recibirme, y cuando terminé de explicarle la situación, los dos perseguidores llegaron al vestíbulo. Éste me dijo que ya no tenía de qué preocuparme y me mandó a descansar, mientras pude ver cómo varias personas del lugar atrapaban a los perseguidores y los llevaban a una gran sala de confinamiento con muchos más, lo que no terminaba de tranquilizarme.
Cuando me desperté y me encontraba ya en la puerta dispuesta a marcharme, el señor apareció para recordarme que me olvidaba al chico que traje conmigo, aconsejándome ir a verlo a otra gran sala de curas, ya que parecía haber sufrido bastantes heridas.
Preocupada, me dirigí rápidamente hacia allí, crucé la sala, en la que encontré una pequeña niña de pelo morado muy molesta, que agarré por el brazo y lancé unos pocos metros más allá, justo antes de encontrarme con el chico.
Estaba sentado detrás de una mesa en la que acababan de servirle algo de comida, y al mirarle me vino a la mente una imagen de él mismo horas atrás, bañado en su propia sangre. Increíblemente no llevaba ni una sola venda, y no había ni una gota de sangre.
- ¿Cómo estás?
- Mejor, ¿dónde estoy?
- Éste es un edificio de ayuda para todos nosotros. Debieron confundirte con mi siervo, los siervos ayudan a los nobles y a los seres sobrenaturales, aunque nosotros no necesitamos ayuda, ya que tenemos poderes. Aunque yo... aún no he aprendido a controlar mis flamas.
Me estremecí al decir ésto último. Era un vampiro de las flamas que apenas podía valerse por sí mismo, ya que al no controlar mis poderes, era como si no los tuviera."

jueves, 18 de abril de 2013

18 of April.


“El sonido del tic tac del reloj se elevaba hacia los cielos. Las horas a su lado parecían minutos, y los minutos segundos. Las manecillas del reloj se apresuraban por marcar, recelosas, la hora de la despedida. Su mirada se mostraba especialmente perdida en ese momento, como si quisiera decir algo, pero las palabras no fluyeran de su interior. Un día se situó frente a mí, clavando sus hermosos ojos en los míos, y su voz, entrecortada, me dijo:
- ¿Si tuvieras el poder de parar el tiempo y quedarte junto a mí, lo harías?
Desconcertado, asentí acercándome a ella.
De entre sus manos, surgieron sombras que dibujaban la forma de un puñal, constituido por numerosos engranajes que giraban en perfecta armonía. Ella lo extendió hacia mí, mientras sonreía nerviosa.
- Clava este puñal en mi corazón, y podrás detener el tiempo.
Retrocedí varios pasos. Al oír tal proposición, mi desconcierto se tornaba en miedo.
- No temas. Si realmente me amas, al tocar con el filo mi corazón, el tiempo se detendrá, excepto para nosotros. En cambio, si no es así… sólo se detendrá por ti, y yo quedaré eternamente con él clavado en mi interior. ¿Qué harás?
Los escalofríos recorrían mi columna. Todo aquello parecía un sueño. Y yo no sabía si me atrevería a perforar su delicada piel con aquel puñal, que parecía decirme: “¿A qué esperas? Ella confía en ti”.
Decidí intentarlo. Lo tomé entre mis manos. Su tacto era frío como el hielo. Me acerqué a ella, apoyándolo temblorosamente sobre su piel. Me perdí en sus ojos cristalinos una vez más, buscando en ellos el coraje que necesitaba para llevar a cabo aquello que podría darme lo que más quería, o arrebatármelo para siempre. Y finalmente, dirigí su filo hacia el interior de su cuerpo.
El sonido del tic tac del reloj se apagó. Las manecillas dejaron de girar. El puñal se desvaneció entre sombras de la misma manera en que había aparecido. Y pude oír levemente los latidos de su corazón, acompasado con el mío.”

miércoles, 14 de diciembre de 2011

14 of December.

“Lenguas de fuego reconcomen mi alma. La estrujan y estiran con desconsideración. Un mar de angustia se abre paso a través de mis entrañas. El gélido aliento de la desolación se cierne sobre mí como una sombra. Y escalofríos recorren mi columna con descargas eléctricas. La melancólica luna no me amparaba esta vez, y las oscuras calles de una fría noche de invierno no serían mi refugio nunca más. Quizás el único camino fuera descender de nuevo, y por última vez, a las ardientes llamas del infierno.”

sábado, 24 de septiembre de 2011

24 of September.

"Los copos de nieve caían sobre las abandonadas calles de la ciudad en un frío día de invierno en el que nadie se aventuraba a recorrerlas. Ella, ataviada con una larga gabardina cuyo color ocre se asemejaba a las últimas hojas de los árboles que recordaban al pasado otoño, aún presente en escondidos recovecos de las calles y avenidas, caminaba sin prisa ni preocupaciones en dirección al centro de la ciudad, poco transitado en estos primeros días de invierno. Los árboles flanqueaban su camino a ambos lados, creando un marco perfecto adornado por los copos de nieve que caían del cielo con un color tan puro como el blanco de su alma. Tras unas cuantas manzanas, el sonido limpio y virtuoso de un violín que se filtraba por los rústicos ventanales de una pequeña cafetería que recordaba más a un olvidado pueblecito de las afueras que a aquella ciudad, la separó de su camino sin rumbo, invitándola a pasar, acompañada del aroma de un café amargo, decorado con notas de nostalgia."


lunes, 11 de julio de 2011

11 of July.

“Caía la noche en aquella ciudad victoriana, cuyas calles presenciaban los últimos paseos vespertinos de importantes aristócratas ataviados con carísimas capas con un tono aterciopelado más sombrío que la propia oscuridad. Con sus orgullosos andares y una arrogante actitud hacia los congéneres que consideraban únicamente una nulidad más entre las indiferentes gentes que poblaban las plazoletas y avenidas más lujosamente ornamentadas de los más conocidos vecindarios de Inglaterra, se dirigían impasibles rodeados de soberbia y altanería a refugiarse en sus grotescas mansiones, al amparo de sus innumerables libros forrados de lujosa felpa y firmados con una delicada pluma de madera de ébano por Lord Byron. En una sociedad como aquella, en la que todos y cada uno de los individuos vivían por y para el libertinaje y la lujuria, no era difícil de imaginar que la inmensa mayoría de ellos habrían vendido su alma al mismísimo Diablo para hacer realidad sus más frívolos e inmorales deseos. Y por eso había ascendido de los más profundos y llameantes infiernos, un anticristo, uno de los demonios más temidos incluso por los mismísimos arcángeles, a una tierra poblada por corrupción e hipocresía. Sin duda, el mejor sitio donde seducir y embaucar una inmensa cantidad de ánimas débiles y egoístas. Esta era la mejor y más astuta oportunidad que había tenido para absorber un ejército de almas errantes, y no iba a dejarla pasar a ningún precio. Como si de una misteriosa representación gótica se tratase, la obra estaba apunto de comenzar.”

domingo, 10 de julio de 2011

10 of July.


“Caía. Caía hacia un vacío sin fondo. Alzaba mi mirada al cielo, pero todo lo que veía era oscuridad. Y su mano. Una delicada y gentil mano que me buscaba entre las sombras. Intenté gritar, pero mi voz se tornaba en un grito ahogado. Y caía. Y sentía que la perdía...

Abrí los ojos y me incorporé sobresaltado. Notaba la respiración acelerada y mi corazón latía desbocado. Me giré con preocupación, y allí estaba ella, todo lo que yo necesitaba. Tranquila, calmada. Con los ojos cerrados y los labios curvados en una sonrisa. Me froté los ojos con nerviosismo. “Sólo ha sido un sueño, sólo ha sido un sueño...” me repetía una y otra vez mientras continuaba temblando sobre un lado de la cama, intentando en vano volver a conciliar el sueño.

De repente, un fuerte viento arrancó las cortinas que cubrían la intimidad de la habitación y abrió la ventana con un golpe seco, precipitándose al interior acompañado de un siniestro silbido. Me asomé al exterior y quedé atrapado por el brillo rojo de una luna hipnotizante que se alzaba en el cielo, nublando mis sentidos y paralizando mi cuerpo.

Unos instantes después, una misteriosa energía agotó mis fuerzas, haciéndome caer de rodillas, envuelto por una densa niebla que se abría paso poco a poco, inundando la estancia con un efecto anestesiante… Lo último que oí fueron sus aterrados chillidos…”